¿Cómo tener una visión optimista del futuro?

Imagínate que durante nueve mil días, es decir 27 años, estuvieras en la prisión sin poder ver a tus amigas, a tus amigos, sin poder cumplir tus sueños. Eso le pasó a Nelson Mandela, que duró 27 años en una cárcel hasta que fue liberado por sus opresores. Una vez en libertad, Mandela ganó la presidencia de Sur África, pero al llegar a gobernar se dio cuenta de algo: sus ciudadanos no tenían una visión de futuro.

Cuando Nelson Mandela les preguntaba “¿para dónde va Sur África? ¿usted qué cree que vamos a hacer los próximos años?” Las respuestas eran muy distintas. Dependían del color de la piel de quien respondía, del grupo político al que pertenecía, de si eran empresarias, líderes o artistas. Esa divergencia llevó a Mandela a tomar una decisión muy importante: empezar a organizar grupos de trabajo para crear una visión de futuro clara y concreta para Sur África.

Después de muchas deliberaciones y discusiones entre personas muy distintas lograron llegar a una visión clara y optimista de Sur África, y se propusieron tres cosas:

  1. Atraer más inversión extrajera; no para sacar esmeraldas, como tradicionalmente habían hecho, sino para generar nuevos emprendimientos.
  2. Aumentar el servicio de alcantarillado y agua potable a la mayoría de la población.
  3. Hacer un mundial de futbol.

A principios de los noventa esto parecía imposible, pero después de esa reunión cada uno salió con compromisos claros y concretos de lo que tenía que suceder para materializar la Sur África del 2020. Las tres cosas han venido sucediendo, obviamente hay muchas cosas que faltan por mejorar, pero el impacto que generó tener tareas concretas para cumplir con esa visión de futuro —que era una optimista y en la que todos podían participar— es innegable.

¿Cuál es tu visión de futuro?, ¿en dónde vas a estar en los próximos 20 años? Parte del reto del futuro del trabajo es poder construir una visión optimista y clara de para dónde vamos que sea realista con lo que hoy somos.

Los seres humanos tendemos a sobrevalorar lo que podemos hacer en un año. Llega diciembre y escribimos “el próximo año voy a hacer dieta, aprender cinco idiomas…”. Para lograr una visión optimista y clara para nuestro futuro debemos empezar por cambiar el horizonte temporal: no hablemos de un año sino de tres; imaginémonos qué queremos hacer en tres años, y hagámoslo específico: como sería un día ideal, dónde trabajas, dónde vives, con quién vives. También preguntémonos qué debo aprender para llegar tener esa vida en tres años.

Hace unos años Fred Polak escribió un libro llamado La imagen del futuro en el que estudió qué tenían en común las naciones más prosperas y que las diferenciaban de aquellas que terminaban desapareciendo. Descubrió que las naciones que lograban trascender por siglos coincidían en una visión optimista y clara sobre su futuro, cosa que les permitía generar riqueza y prosperidad para sus habitantes. Esto también aplica para nuestras vidas, como emprendedores o como miembros de una familia: ¿tienen una visión clara de para dónde van, qué quieren construir y qué quieren lograr? 

Hay personas que argumentan que una visión optimista y clara del futuro depende del ingreso socioeconómico y las oportunidades. Alvin Toffler, en su libro Learning for Tomorrow mostró que la visión optimista del futuro no es una consecuencia de las condiciones económicas, sino una causa de mejores resultados académicos. Aquellas niñas y niños que lograban entender dónde querían estar, en cuál universidad o instituto técnico, eran los que demostraban mejores resultados académicos. Si tú eres un estudiante y crees que por tu situación económica o la de tu familia no vas a triunfar en la vida, deberías revisar la lecciones de Alvin Toffler, porque nos muestra que lo más importante es tener una visión de dónde queremos llegar con nuestros estudios y qué queremos hacer con ellos.

Y el tercer autor que se dedicó por muchísimos años a entender el poder de tener un propósito es Viktor Frankl. Frankl permaneció varios años en un campo de concentración Nazi y se dedicó a estudiar qué hacía que una persona lograra mantenerse con ganas de vivir. En su libro El hombre en busca de sentido logra demostrarnos que aquellos seres humanos que tienen un sentido de propósito, una visión de futuro, encuentran fuerzas para  mantenerse vivos y con energía durante los momentos difíciles.

Volvamos a Sur África. El presidente Nelson Mandela sabía que eran muchos los retos que tenía el país. A pesar de todo, logró unir a mucha gente alrededor de una visión de futuro. No hay que ir tan lejos para encontrar casos de éxito: en el año 1994, en medio de muchas dificultades en Colombia, una señora llamada Maria Emma Mejía decidió impulsar un grupo de artistas, empresarios y empresarias a actuar frente una visión optimista de Medellín.

Imagínense esto: en la mitad de una guerra contra el narcotráfico, en la que la mafia asesinaban a policías, líderes y empresarios, un grupo de emprendedoras, políticos, científicos, y ciudadanos se propusieron que para el año 2025 Medellín sería una de las ciudades que más invertiría en innovación, educación, y en lograr que sus ciudadanos accedieran a servicios de acueducto y agua potable.

Hoy es posible constatar que ese propósito se ha materializado en Medellín. Si naciones lo han logrado, si ciudades lo han logrado, si niñas y niños logran sus sueños por tener una visión optimista sobre su futuro, si personas que estuvieron en un campo de concentración le pusieron sentido y propósito a la vida, ¿qué te impide hacerlo?, ¿en dónde quieres estar en los próximos tres años?, ¿qué tipo de vida quieres tener?, ¿qué habilidades quieres desarrollar para llegar a esa vida?

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