Al cierre de un año especialmente intenso, Juan David Aristizábal compartió una reflexión personal sobre las lecciones más importantes que le dejaron sus viajes, sus proyectos y sus pérdidas. Estas fueron las cinco ideas centrales de ese balance.
1. Los latinoamericanos necesitamos creernos más el cuento
Tras participar como copresidente en el Foro Económico Mundial en enero, Aristizábal se encontró con numerosos latinoamericanos —desde gobiernos hasta empresarios e innovadores— haciendo cosas extraordinarias. Sin embargo, notó un patrón recurrente: muchas veces, los latinoamericanos somos tímidos o inseguros a la hora de alzar la mano y compartir lo que pensamos o lo que sabemos.
Su conclusión, después de un año de viajes, investigación y trabajo construyendo la operación de Lo Súper en México, fue contundente: como región, necesitamos creernos más el cuento y estar mucho más seguros del valor real que tenemos para ofrecerle al mundo en materia de soluciones a problemas globales.
2. El tiempo con las personas importa más que la calidad del tiempo
Este año, Aristizábal perdió a una persona muy cercana a su trabajo en Lo Súper, en temas de educación y emprendimiento: alguien de quien nunca imaginó que fallecería, precisamente por su corta edad. Esa pérdida lo llevó a hacer una pausa y reflexionar sobre cuánto tiempo le dedica a las personas que quiere.
Su aprendizaje fue claro: no se trata solo de la "calidad de tiempo", sino de dedicar más tiempo real a quienes uno quiere, y de tener la valentía de decirle directamente a esas personas cuánto se les aprecia y qué se ha aprendido de ellas, en lugar de asumir que ya lo saben.
3. Cumplir 30 años y aceptar que el mundo aún no ha cambiado
Este fue también el año en que Aristizábal cumplió 30 años, justo después de haber sido reconocido años atrás por la revista Forbes como uno de los 30 menores de 30 años que están cambiando el mundo. Al celebrar esta fecha, su reflexión fue honesta: todavía no ha cambiado el mundo, y sigue teniendo muchas cosas pendientes por hacer.
De esta reflexión surge una idea más amplia: no importa si alguien tiene 20, 30, 60 o 70 años; lo verdaderamente importante es tomar la decisión de usar los propios talentos y la propia vida para generar impacto, sin importar la edad en la que se tome esa decisión. Aristizábal recordó que, incluso desde adolescente, siempre prefirió tener una dirección clara para su vida, en lugar de simplemente "dar una vuelta sin rumbo", y que esa decisión de buscar dirección se puede tomar en cualquier momento de la vida. También reconoció que su ideal de "mejor versión de sí mismo" no es una meta fija a cumplir a cierta edad, sino una búsqueda constante.
4. Los hombres deben involucrarse activamente en la equidad de género
Uno de los aprendizajes que más lo marcó este año surgió de su trabajo con varias mujeres profesionales, muy preparadas y estudiosas, que sin embargo se mostraban inseguras al ser invitadas a foros o espacios de debate, argumentando que no eran "las más preparadas" para participar.
Esta situación lo llevó a una conclusión personal, que ya ha convertido en acción: existen muchas mujeres altamente capacitadas en sus áreas que, aun así, viven inseguras sobre su propio trabajo. Para Aristizábal, los hombres tienen que participar mucho más activamente en la equidad de género, apoyando e impulsando a estas mujeres, en articulación con organizaciones y aliados del ecosistema. Esta reflexión se convirtió en una causa personal para el año siguiente, partiendo de la convicción de que, si los hombres no se involucran activamente en la igualdad de género, las cosas simplemente no van a cambiar.
5. Trabajar en equipo y con mayor foco para aumentar el impacto
El último aprendizaje tiene que ver con cómo aumentar el impacto del propio trabajo. Entre sus clases en el CESA, su labor en Lo Súper, la educación, los emprendimientos y otras iniciativas paralelas, Aristizábal concluyó que es necesario trabajar más en equipo, tener mayor foco, y consolidar un grupo de trabajo sólido que permita generar un impacto más significativo en América Latina.
Un cierre de año honesto
Más que una lista de logros, esta reflexión de fin de año destaca por su honestidad: reconocer que aún falta mucho por hacer, que el tiempo con las personas cercanas no puede darse por sentado, y que el verdadero cambio —tanto personal como social— requiere decisiones constantes, no una meta que se alcanza de una vez por todas.
¿Cuál de estas cinco lecciones te llega más en este momento de tu vida: creerte más el cuento, valorar el tiempo con la gente que quieres, o involucrarte más activamente en causas como la equidad de género? Cuéntanos en los comentarios.