En una charla dictada en Manizales, Juan David Aristizábal planteó una pregunta incómoda pero necesaria para el eje cafetero, Colombia y América Latina: ¿qué significa realmente la Cuarta Revolución Industrial, y qué podemos aprender de un error histórico que ya cometimos con el café?
Dos cifras que todos deberíamos tener presentes
Para entender la magnitud del cambio que se avecina, Aristizábal propuso partir de dos datos clave:
- El 65% de los trabajos que hoy realizan los niños todavía no han sido creados.
- Seis de cada diez trabajos actuales se van a automatizar por completo en los próximos años.
Como ejemplo cercano, mencionó los peajes: así como hace décadas desaparecieron los ascensoristas, es probable que en la próxima década desaparezca la figura de la persona que entrega el tiquete en las autopistas.
La pregunta detrás de la automatización: ¿para qué vamos a servir los humanos?
Si las máquinas van a reemplazar buena parte de los oficios actuales, la pregunta que queda es cuál será el rol de los seres humanos en el día a día. Aristizábal citó, incluso, al centro para el futuro del trabajo de la Universidad de Oxford, cuyo objetivo declarado es alcanzar el 100% de desempleo, una meta que contrasta fuertemente con la realidad de América Latina, donde el desempleo sigue siendo uno de los principales problemas a resolver.
La lección del café: cuando la abundancia se convierte en una trampa
Uno de los momentos centrales de la charla fue el paralelo que Aristizábal trazó con la historia reciente del eje cafetero. Hace décadas, la región fue una gran exportadora de café y llegó a liderar los índices de calidad de vida del país. Sin embargo, hoy quienes dependen del café sufren directamente las variaciones de su precio internacional.
Según explicó, dos indicadores muestran qué se dejó de hacer durante esos años de bonanza:
- Ningún colombiano produce hoy patentes originales para máquinas de expreso o capuchino.
- En los últimos 30 años, Colombia prácticamente no aparece en los rankings de los mejores baristas del mundo.
La conclusión es clara: depender de un solo producto, o confiar en que la abundancia de recursos naturales bastará para sostener la prosperidad, puede llevar a repetir el mismo error que ya se cometió con el café, esta vez frente a la Cuarta Revolución Industrial.
La revolución del tiempo: más allá de la automatización
Para Aristizábal, la Cuarta Revolución Industrial no se trata solo de automatización o nanotecnología, sino, sobre todo, de una revolución del tiempo: por primera vez, los seres humanos tendrán más tiempo disponible para actividades distintas al trabajo. Como referencia, mencionó la propuesta de Carlos Slim ante el Foro Económico Mundial de que las empresas trabajen solo tres días a la semana.
A partir de esta idea, planteó tres indicadores clave que América Latina y el eje cafetero deberían tener en cuenta:
1. El auge del turismo y el reto de la empatía
Se calcula que para 2025 habrá 1.800 millones de personas viajando por placer en el mundo. Esto obliga a repensar la preparación de las industrias hotelera y turística. Según un proyecto de investigación mencionado por Aristizábal, uno de los mayores retos de Colombia en este frente tiene que ver con niveles bajos de empatía, un factor que afecta directamente a la industria turística.
2. El "nuevo poder": ya no se necesitan grandes instituciones
El segundo elemento es lo que Aristizábal denomina el nuevo poder: la posibilidad de que un proyecto se haga realidad sin depender de instituciones tradicionales como los bancos. Como ejemplo, citó el caso de una marca de billeteras que, tras ser rechazada por varios bancos, logró recaudar 250.000 dólares en mes y medio a través de un video y financiación colectiva. Según explicó, las instituciones —incluidas universidades y bancos— que no entiendan y promuevan este nuevo poder corren el riesgo de quedar rezagadas.
3. El talento de los mayores de 65 años
El tercer punto, quizás el más sorprendente, tiene que ver con un segmento poco atendido: las personas mayores de 65 años. Aristizábal preside una organización llamada Lo Súper, dedicada a formar habilidades, especialmente entre jóvenes: solo en Colombia hay cerca de 2 millones 500 mil jóvenes desempleados. Según explicó, cuando se pregunta a las empresas por qué no contratan a estos jóvenes, la respuesta no tiene que ver con falta de conocimiento técnico, sino con la ausencia de habilidades para la vida: pensamiento crítico, comunicación efectiva y capacidad de pedir ayuda.
Sin embargo, el verdadero reto demográfico no está en los centennials ni en los millennials, sino en el envejecimiento poblacional: al haber cada vez menos nacimientos, se necesitarán más productos y servicios pensados para adultos mayores. De hecho, según Aristizábal, cualquier emprendimiento que busque sostenibilidad en los próximos 50 años debería considerar seriamente a este segmento de la población.
Tres estrategias frente a la Cuarta Revolución Industrial
Basado en lo que ya están haciendo países como Polonia y Alemania, Aristizábal propuso tres frentes de acción:
- Apostar por el servicio y la experiencia, ya que si todo gira en torno al uso del tiempo, la calidad del servicio al cliente se vuelve central.
- Pasar de consumidores a productores de contenido tecnológico, señalando que, aunque como región consumimos mucha tecnología, seguimos siendo pocos los que efectivamente la producimos.
- Fomentar la colaboración intergeneracional, integrando en los emprendimientos y fondos de inversión a centennials, millennials y personas mayores de 65 años, tanto para facilitar la conversación entre generaciones como para asegurar la transferencia real de conocimiento.
Autogestión: la habilidad que ningún gobierno puede darte
Frente a la pregunta de quién nos "salvará" de la Cuarta Revolución Industrial —¿el gobierno?, ¿un líder empresarial?—, Aristizábal fue enfático: la respuesta está en cada persona, a través de la autogestión, es decir, la capacidad de cada individuo de hacer que las cosas sucedan por sí mismo.
Para ilustrarlo, compartió la reflexión de un médico al que le preguntó por qué características debería tener el profesional que eventualmente lo reemplazara. Tras pensarlo, el médico concluyó que buscaría a alguien con la capacidad de mirar a los ojos y conectar realmente con el paciente durante la consulta, es decir, alguien con empatía, una habilidad que, según reconoció el propio médico, sí se puede desarrollar.
El mensaje final: el futuro se construye, no se alinea con las estrellas
Aristizábal cerró su intervención con una anécdota personal: al recibir un correo felicitándolo por haber sido invitado al Foro Económico Mundial en Davos, atribuyendo el logro a que "las estrellas y el universo se alinearon", respondió que, en realidad, ese resultado fue producto de años de trabajo en equipo, fracasos y perseverancia.
Su mensaje final resume el espíritu de toda la charla: frente a un futuro marcado por la automatización, donde las máquinas cada vez sabrán más sobre el pasado, dependerá de los seres humanos predecir y construir el futuro, haciendo que las cosas sucedan.
title: "Cuarta Revolución Industrial: lo que el eje cafetero puede aprender del error del café, según Juan David Aristizábal" meta_description: "Juan David Aristizábal explica qué es la Cuarta Revolución Industrial, por qué el 65% de los trabajos del futuro aún no existen y qué lecciones deja el declive del café para Colombia y América Latina." categorias: [Cuarta Revolución Industrial, Futuro del Trabajo, Innovación] palabras_clave: [Cuarta Revolución Industrial Colombia, futuro del trabajo, automatización empleos, Juan David Aristizábal Lo Súper, nuevo poder economía, autogestión, habilidades para la vida, empatía turismo Colombia]
¿Qué habilidad crees que será más valiosa frente a la Cuarta Revolución Industrial: la empatía, la autogestión o la capacidad de producir contenido? Cuéntanos en los comentarios.