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3 Estrategias Para Esculpir Los Talentos | Conversación con Fernando Anzures

Febrero 10, 2021

Juan David Aristizábal —periodista, educador y emprendedor social graduado del CESA, Columbia University y Sipa— fue reconocido por el Foro Económico Mundial como uno de los 19 líderes emergentes en educación del mundo. En una extensa conversación, habló sobre su historia personal, el propósito de la educación, los tipos de capital que necesitamos construir y el modelo detrás de Pro Talento, la organización que dirige junto a un equipo dedicado a impulsar talento tecnológico en América Latina.

La convicción de que se puede cambiar el mundo

Todo parte de una experiencia de infancia. De niño, Aristizábal tuvo una enfermedad respiratoria que lo mantuvo mucho tiempo en clínicas y hospitales, en momentos donde incluso los médicos dudaban de su recuperación. En medio de esa situación, sus papás lo llevaban frente a una ventana y le decían: "mira hacia afuera, ahí hay un mundo que te está esperando."

Esa frase, repetida en un momento de vulnerabilidad, se convirtió en la semilla de una convicción que lo ha acompañado desde entonces: siempre hay un mundo esperando a que aportemos nuestros talentos, sin importar las dificultades de partida.

Cómo llegó al Foro Económico Mundial

Aristizábal cuenta el camino que lo llevó a ser reconocido por el Foro Económico Mundial. Todo comenzó cuando, presentando una iniciativa en Panamá, alguien le sugirió postularse a un premio de MTV en la categoría "Piensa en Grande". El proceso incluyó una selección del Banco Interamericano de Desarrollo, hasta llegar a cuatro finalistas de distintos países que competían por votación pública en toda América Latina.

En lugar de simplemente pedir votos, su equipo decidió conectar la votación con un proyecto concreto: aliarse con una empresa de domicilios de comida rápida para que, junto con cada pedido, se pudiera entregar también un libro en buen estado a una escuela en Colombia. Esa estrategia —convertir el voto en una acción concreta de impacto— fue clave para ganar el premio, que terminó llevándolo eventualmente a ser invitado por el Foro Económico Mundial.

En 2019 fue invitado como anfitrión de uno de los "counters" de sesión del Foro —la primera vez que la organización seleccionaba a una persona joven para ese rol—, un espacio del que salieron tres compromisos concretos a nivel global: una plataforma de reentrenamiento masivo de habilidades, un compromiso hacia la economía circular, y la importancia de la inclusión financiera para lograr prosperidad económica real.

"Todos podemos mover el mundo"

Para Aristizábal, el cambio no depende de una sola persona: se parece más a mover un objeto muy pesado, como una tractomula, que requiere muchas llantas, mucha fuerza y mucha energía combinada. La clave está en creérselo primero uno mismo, y confiar en que habrá otras personas con los mismos sueños dispuestas a empujar también. Esa es la idea detrás del título "todos podemos mover el mundo".

Poder personal y poder social: dos formas de cambiar las cosas

Uno de los ejes centrales de la conversación es la distinción entre dos tipos de poder:

  • El poder social, relacionado con las jerarquías, las estructuras culturales, políticas y económicas que existen en la sociedad, y que son difíciles de cambiar porque involucran a muchos actores.
  • El poder personal, que —a diferencia del poder social— no se compra ni se vende. Se construye a través de la autoconfianza, y esta surge cuando una persona se mira al espejo y se dice a sí misma "yo también puedo hacerlo".

Según explica, la ciencia también respalda una idea interesante: sentirse poderoso tiene un componente físico. Primero ocurre un movimiento del cuerpo, y después se generan los sentimientos asociados a ese poder. Por eso, moverse —literal y metafóricamente— es parte fundamental de sentirse capaz de generar cambio.

La invitación final es simple: no hay que esperar a cambiar el mundo entero de un solo golpe. El cambio empieza en el metro cuadrado propio: la casa, el barrio, el entorno inmediato. Y cuando uno empieza a moverse, el mundo alrededor también empieza a moverse.

¿Para qué debería servir la educación? Un debate ético

Uno de los momentos más profundos de la conversación aborda una pregunta de fondo: ¿para qué nos estamos educando? Aristizábal plantea que se trata, en el fondo, de un debate ético: la ciencia y la tecnología pueden hacer que la humanidad desaparezca, o pueden ponerse al servicio de que sigamos existiendo. La educación, dice, debe responder a un proyecto ético como sociedad.

A partir de ahí, propone que la educación de hoy debería tener tres grandes objetivos:

1. El cuidado

Cuidar de uno mismo —cuerpo, mente, pensamientos y espíritu—, cuidar de los demás —incluyendo a quienes no conocemos, como el cuidado de lo público— y cuidar del planeta, entendiendo que sin cuidado ambiental no hay futuro posible para la humanidad.

2. La administración del capital

Aristizábal identifica tres tipos de capital que la educación debería ayudarnos a construir y administrar:

  • Capital social: la comunidad, la gente a la que podemos pedir ayuda y a la que podemos ayudar. Se cultiva con networking, con reputación y cumpliendo la palabra. En América Latina, dice, no hemos sido bien formados para construir y administrar este tipo de capital.
  • Capital cultural: los comportamientos, valores y conocimientos de una persona, que se administran estudiando, formándose y creando nuevos hábitos.
  • Capital económico: la capacidad de generar, conseguir, invertir y administrar recursos monetarios, algo particularmente difícil en una región donde, por ejemplo, las facturas suelen pagarse entre 90 y 120 días después de emitidas.

3. El manejo del poder

Finalmente, la educación debe ayudarnos a reconciliarnos con la idea de poder: entender que el poder social se transforma participando —votando, involucrándose en decisiones colectivas— y que el poder personal empieza por entender que, desde donde cada uno está hoy, ya es suficiente para generar cambio.

Ejemplos de transformación colectiva: Medellín y Sudáfrica

Para ilustrar cómo una sociedad logra ponerse de acuerdo en torno a un propósito común, Aristizábal recurre a dos historias que también compartió en otras conversaciones:

  • Medellín, principios de los años 90: una ciudad golpeada diariamente por el terrorismo del narcotráfico. Gracias al trabajo de figuras como María Emma Mejía y el facilitador Adam Kahane, distintos actores —incluyendo a personas violentas y empresarios— se sentaron a construir un proyecto común: mayor inversión en innovación y agua potable para los sectores más pobres.
  • Sudáfrica, con Nelson Mandela recién salido de 27 años de cárcel: en lugar de buscar venganza en un país profundamente dividido, se convocó nuevamente a Adam Kahane para facilitar un proceso de construcción de un proyecto común, que incluyó la organización de un Mundial de fútbol, inversión extranjera no minero-energética y acceso a agua potable.

La lección detrás de ambos casos es la misma: el cambio real requiere un propósito compartido donde estén representados todos los sectores —incluida la "élite" entendida en un sentido amplio, como quienes lideran cualquier grupo social, no solo el poder económico o político tradicional.

El reto del trabajo en equipo en América Latina

Aristizábal es enfático en señalar que uno de los mayores retos de la región es la dificultad para trabajar en equipo, incluso compartiendo idioma y cultura. Pone como ejemplo la negociación de vacunas durante la pandemia: en lugar de negociar como bloque regional de 500 millones de habitantes, cada país negoció por su cuenta, perdiendo poder de negociación colectivo.

Para él, América Latina tiene un potencial enorme —biodiversidad, reservas de agua dulce, una población que se acerca a los "tigres asiáticos" en tamaño— pero requiere primero construir capital social y ponerse de acuerdo sobre un proyecto compartido para las próximas décadas.

Pro Talento: "fichar" talento tecnológico como se ficha a un futbolista

Una parte importante de la conversación se centra en Pro Talento, la organización que Aristizábal lidera junto a un equipo de más de 130 mentores. La comparación que utiliza es directa: así como los cazatalentos de fútbol observan jugadores desde las divisiones inferiores para llevarlos a las grandes ligas europeas, Pro Talento busca talento en colegios y universidades para conectarlo con la industria tecnológica.

El proceso no se limita a la formación técnica. Incluye acompañamiento psicológico, desarrollo de habilidades sociales y una ruta personalizada de aprendizaje, apoyada en mentores. Según cuenta, esta combinación ha permitido que personas encuentren empleo en pocos meses, incluso en casos donde antes no lograban conseguir trabajo pese a tener formación técnica sólida.

El modelo de acuerdos de ingresos compartidos

El financiamiento de Pro Talento se basa en un modelo inspirado en el trabajo pionero de Felipe Vergara en la región: los acuerdos de ingresos compartidos. El talento solo empieza a pagar un porcentaje —destinado a un fondo que apoya a más talentos— una vez que consigue empleo y comienza a generar ingresos. Si no hay ingresos, no hay pago, de forma similar a como un representante de un artista solo cobra cuando el artista se presenta y recibe un pago.

Actualmente, Pro Talento opera en Colombia y este año comenzó operaciones en Perú, México y Chile.

No solo empleo: la ambición de crear, no solo ejecutar

Aristizábal es claro en un punto: la ambición de Pro Talento no es únicamente que los talentos consigan su primer empleo en una empresa de tecnología, sino que, con el tiempo, se conviertan en creadores de nuevas industrias tecnológicas en la región, en lugar de limitarse a ser, en sus palabras, "los obreros del software del mundo".

Hábitos personales: lectura rápida y libros recomendados

Aristizábal también compartió parte de su rutina personal de aprendizaje. Gracias a un curso de lectura rápida que le regaló su papá, lee entre uno y un libro y medio por semana —cerca de 50 libros al año—, subrayando y tomando notas como parte de su proceso.

Entre sus lecturas recientes recomienda dos libros en inglés:

  • "Zero to One", de Peter Thiel, del que destaca tres ideas: no siempre hay que ser el primero en un mercado —a veces es más inteligente entrar de segundo, aprendiendo de los errores del pionero—; evitar obsesionarse con la competencia, porque mirar hacia atrás resta velocidad; y pensar en términos de monopolios, entendiendo cómo ciertas plataformas (como AWS) generan ecosistemas de crecimiento que sostienen negocios completamente distintos.
  • "Blitzscaling", de Reid Hoffman y Chris Yeh, que invita a imaginar el futuro propio partiendo de una hoja en blanco, en lugar de anclarse en las tareas inmediatas del día a día, hasta lograr una visión clara sobre la cual construir.

Innovadores del futuro y la maestría en tecnología educativa

Para cerrar, Aristizábal contó que está cursando una maestría en innovación y tecnología educativa, una experiencia que —en medio de la pandemia— lo llevó a experimentar por primera vez la educación completamente virtual, algo que también está aplicando en sus propias clases en el CESA.

Como resultado de este aprendizaje, anunció el lanzamiento de un programa llamado "Innovadores del futuro", dirigido a papás, mamás, tíos y profesores, para compartir herramientas prácticas que ayuden a formar a las próximas generaciones frente a los retos que trae la educación del futuro.


¿Quieres profundizar en el modelo de acuerdos de ingresos compartidos de Pro Talento, o en cómo aplicar el marco de "cuidado, capital y poder" a tu propio proyecto educativo o de emprendimiento? Cuéntanos y desarrollamos un artículo dedicado.