El año 2020 fue, sin duda, un año retador: nos tuvimos que encerrar, vimos desaparecer muchísimas empresas y perder muchísimas vidas. Pero también fue un año en el que el mundo entendió, de una forma muy concreta, la importancia del trabajo colaborativo. Nos mostró lo débiles que somos como especie, pero también lo fuertes que podemos llegar a ser cuando entendemos que existe un norte común.
De esa reflexión surge una pregunta clave: ¿qué tenemos que cambiar, y qué tipo de capital necesitamos construir de cara al futuro?
Tres tipos de capital, según un sociólogo médico
Para responder esta pregunta, vale la pena retomar el trabajo de un sociólogo y médico que investigó qué se necesitaba para que una persona pudiera convertir sus habilidades en un talento extraordinario y triunfar en el mundo educativo. Su conclusión fue dividir esa capacidad en tres tipos de capital:
- Capital cultural: nuestra formación, nuestros valores, y el acceso a la educación, el colegio y la universidad.
- Capital social: nuestra capacidad de relacionarnos con el entorno, nuestras redes de apoyo, y a quiénes podemos pedirles ayuda en momentos de dificultad.
- Capital económico: nuestra capacidad de generar ingresos y nuestro acceso a recursos monetarios.
La pandemia demostró que los tres tipos de capital se volvieron absolutamente fundamentales para nuestra vida. Vale la pena analizarlos uno por uno.
Capital cultural: la capacidad de educarnos y entrenarnos
La cuarta revolución industrial mostró el impacto real de la automatización y la urgencia de la transformación digital. También dejó en evidencia nuestra propia ignorancia frente a las habilidades digitales: muchos jóvenes, aunque están conectados en redes sociales, no sabían ni siquiera manejar una herramienta como Zoom. Y hay personas que, incluso en pleno siglo XXI, no tienen acceso a internet para conectarse a una clase.
Por eso el capital cultural es tan importante: representa nuestra capacidad de educarnos, entrenarnos y adquirir las habilidades necesarias para competir, liderar y producir cosas que generen experiencias y cambien el mundo, ya sea a través del arte o de nuestra propia profesión.
La pandemia mostró que los países mejor preparados fueron aquellos con un alto capital cultural: países donde la ciencia y la educación se usaron para entender el problema, y donde la gente se puso la mascarilla precisamente porque su formación y sus valores los llevaban a hacerlo.
La invitación: aumentar nuestro capital cultural, es decir, mejorar nuestros comportamientos, nuestra educación y nuestro conocimiento. Vale la pena preguntarse: ¿qué nuevas habilidades estoy aprendiendo? ¿Qué museos estoy visitando? ¿Qué nuevos comportamientos estoy adquiriendo?
Capital social: el liderazgo no es cosa de un solo héroe
Antes de la pandemia, muchas personas entendían el liderazgo como una figura casi mitológica: el Atlas que sostiene el mundo sobre sus hombros, o superhéroes como Batman o la Mujer Maravilla, capaces de cambiar el mundo en solitario.
La pandemia mostró justo lo contrario: se necesita de muchas personas —de todas— para cuidarnos. Se necesitan talentos, sinergias y cooperación. De eso se trata el capital social: nuestro acceso a redes de personas con quienes cooperar y a quienes pedir ayuda.
Como dice el pensador Bernardo Toro, el liderazgo consiste en saber pedir y saber dar ayuda. Nadie cambia el mundo solo, y la pandemia lo dejó claro: el trabajo en equipo es indispensable, tanto en momentos de dificultad como de oportunidad. En educación, por ejemplo, existen suficientes estudios que muestran que quienes logran conectarse con mentores encuentran caminos distintos y más efectivos hacia nuevas oportunidades y conocimiento.
Tres preguntas para fortalecer tu capital social de cara al próximo año:
- ¿En cuántos grupos, comunidades o tribus participas activamente, prestando ayuda y pudiendo también pedirla?
- ¿Qué tanto estás conociendo personas distintas a ti?
- Además de participar en esas redes, ¿estás siendo mentor de alguien que necesite tu conocimiento?
La mejor forma de aumentar nuestro propio capital social es, precisamente, ayudando a otros a construir el suyo.
Capital económico: diversificar como un pulpo
En América Latina, financiar proyectos y acceder a recursos para la educación es costoso. De eso se trata el capital económico: nuestra oportunidad y facilidad de tener capital para hacer que las cosas sucedan.
Algunas acciones concretas para fortalecerlo, tanto a nivel individual como colectivo:
- Apoyar a emprendedoras y emprendedores locales, participando en plataformas de crowdfunding y comprando directamente sus productos.
- Pagar facturas de forma temprana, si tienes la posibilidad de dirigir compras en una empresa: entre más rápido la gente accede a sus ingresos, más barato se vuelve el capital para ellos, sin necesidad de recurrir a un crédito para sostener su flujo de caja.
- Diversificar las fuentes de ingreso propias. La pandemia mostró lo vulnerables que somos cuando dependemos de una sola fuente de ingresos. Como dice Antonina Canal, deberíamos aspirar a ser como un pulpo: tener hasta ocho fuentes de ingresos distintas. Aunque suene ambicioso, es una meta que vale la pena perseguir.
- Generar nuevos productos o servicios desde donde ya estás, sin necesariamente renunciar a tu trabajo actual para emprender.
- Participar como accionista o inversionista en los proyectos de otros, si emprender directamente no es una opción en este momento.
- Ahorrar y ser inteligente en el manejo de los propios recursos.
Construir los tres capitales, juntos
Este año de pandemia demostró lo vulnerables que somos en estos tres tipos de capital: personas que perdieron su trabajo, que vieron disminuir sus ingresos, comunidades que no tuvieron acceso a educación de calidad, y liderazgos que dependían de una sola persona en lugar de un equipo.
La invitación para el año que comienza es clara y está en nuestras manos:
- Capital cultural: educarnos más.
- Capital social: fortalecer nuestra capacidad de trabajar en equipo y de dar ayuda.
- Capital económico: ahorrar y apoyar a los emprendedores de nuestra región.
Construir estos tres tipos de capital —en nuestra sociedad, en América Latina y en nuestras propias vidas— es, en gran parte, una decisión que está en nuestras manos.
¿Quieres profundizar en cómo fortalecer tu capital social a través de la mentoría, o en estrategias concretas para diversificar tus ingresos como un "pulpo"? Cuéntanos y desarrollamos un artículo dedicado a cada tema.