Cuando todo esto termine

Me gustaría mirar hacia atrás y darme cuenta de que no solo sobrevivimos a la crisis, sino que la aprovechamos para quedar mejor parados. Que convertimos, los que parecían ser días eternos de espera, en oportunidades de transformación. Que supimos leer correctamente las señales del encierro. Que todo se puede paralizar pero que hay una máquina que no para de girar y que es – y será– la salida para muchos. Una máquina que es, por supuesto, digital.

Lo ideal –y me disculpan por seguir en el mundo de los sueños– sería mirar hacia atrás y ver que tuvimos la sabiduría para levantar la mirada por encima de lo urgente y lo angustiante. Que fuimos capaz de sobreponernos al eterno presente y poner la atención en aquello que no ha dejado de ser importante. En ese futuro que, aunque incierto, viene con una certeza: la amenaza de tornar en irrelevantes miles de puestos de trabajos. 

Que nos tenemos que preparar en habilidades relevantes para el futuro, no hay duda. Pero no solo eso. De nada sirve prepararnos para la llegada del tsunami. Tenemos que encontrar la manera de remontar la ola. De encabezarla y dirigirla. Y para eso no basta la preparación. Hace falta también pasar a la acción. Dejar nuestra aparente condena a la crítica eterna y volvernos una región de hacedores, de creadores de prosperidad. Ese es el llamado. Y es ya. No hay que esperar a que todo esto termine.

Escrito para SEMANA.

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